Llevaban más de cinco días sin mirarse, ni hablarse. Marc no podía dejar de darle vueltas al asunto. Por una vez se había quedado sin palabras. Nunca se había planteado tener familia. No se veía capaz de criar a una criatura. Él no sabia lo que era una figura materna y la poca que tuvo paterna, no fue de mucha ayuda. Pero desde que supo que había existido la posibilidad... ahora soñaba con ver a Gula embarazada de él y mirar con orgullo a su precioso bebe. Pero entre ellos algo había cambiado. Cada vez notaba las sabanas más frías. Y ahí la tenia, dormida a su derecha dándole la espalda. ¡Y que espalda! Marc recorrió cada una de las vertebras poco a poco y ella prácticamente ronroneo.
-¿Vas a hablarme algún día?
-Me lo estoy pensado.
-¡Mierda! No sé como hacer esto. No tengo ni idea de como decírtelo.
Ella por fin se giró. Se quedó tumbada mirándolo, con una serenidad que Marc apenas conocía en Gula.
-¿Vas a dejarme? -prácticamente lo susurró. Tenia el miedo temblandole en la garganta.
-¿Qué? ¡NO! Joder, claro que no.
-Vale, vale.
-Eres tú la que no me habla. Quien me ignora.
-Lo sé -Gula se sentó y decidió que así no podían seguir.
-Nena, esto tiene que cambiar. Sé que mi respuesta no fue la adecuada, pero tu enfado es exagerado.
-No estoy enfadada.
-¿Entonces que te ocurre?
-Yo nunca había deseado hijos. Me bastaba con mi tienda y contigo. Pero desde que...
-Desde que te enteraste de la posibilidad, no dejas de imaginarte embarazada.
-No dejo de imaginarme de tener un niño rubio como tú -Gula le besó el hombro.- Y tengo miedo, porque no sé si tu vas...
-¡QUIERO! -le salio a borbotones, no se había dado cuanta de cuanto lo deseaba.
Se quedaron apoyados y abrazados. En ese momento el silencio los arropaba. Gula sabia que estaban avanzando a pasos agigantados en su relación. Y Marc fue subiendo las manos por los muslos de ella. Quería recuperar el tiempo perdido. Le besaba el cuello, tan suavemente que Gula no pudo más que susurrar.
-Maaaaarc...
-¿Si, nena?
-Si vamos a buscar un bebe -los besos no cesaban, pequeñas descargas le subían por la espalda,- quiero que hagas una cosa.
-Tranquiiiila cielo, que yo donde pongo la bala...
-Serás tonto.
-¿Entonces?
-Quiero que busques a tu padre.
-No.
-Nene, escucha...
-No, escucha tú. Él no pinta nada en nuestras vidas.
-Yo no tengo padres y a ti solo te queda el tuyo. Quiero que mi hijo sepa lo que es tener un abuelo.
A Marc se le vino el cielo encima. Hacia tanto tiempo que no pensaba en él. Y definitivamente no iba a buscarlo. Esa historia ya estaba cerrada y seguiría cerrada para siempre.
-¿Me lo prometes?
-Te prometo pensarlo.